lunes, 22 de octubre de 2012

Qué bonito es tener pueblo.

Me he dado cuenta con los años, de la suerte que he tenido al tener pueblo. Que cada viaje de 7 horas en coche, valió y valdrá siempre la pena.
Y es que mi pueblo es el típico pueblo extremeño pequeño, de casas blancas y calzadas romanas. Su nombre es un tanto peculiar, y siempre que me han preguntado por él pocos han evitado soltar una simpática sonrisa (en ocasiones de burla, cuando era más pequeño); y es que yo respondía con orgullo: Cabeza del Buey.
Cómo no estar orgulloso de un pueblo que significa el reencuentro con tus 14 primos y tus tíos en casa de los abuelos cada vacación. Le tengo un cariño infinito a los recuerdos de cuando era pequeño jugando a "Polis y Cacos" por todo el pueblo y el campo hasta perderse, los partiditos de fútbol que nos echábamos en la calle sin ninguna preocupación,  ir a la piscina municipal todas las mañanas...
Al ir a mi pueblo, de pequeño gozaba de esa libertad que te da un pueblo de salir de casa sin ir acompañado de ningún mayor. El sólo hecho de ir sólo a casa de un amigo o pasar horas y horas en la calle con mis primos ya me fascinaba. He vivido anécdotas muy divertidas en mi pueblo, pero las más graciosas y las que recordaré con más cariño seguramente sean las ocurridas dentro de la casa de mi pueblo, siempre me he sentido reconocido con la película "12 en casa" porque es más o menos de ese estilo. En ese sentido, no hemos ayudado mucho a nuestros tíos y padres que siempre han tenido que aguantar nuestros alborotos y travesuras.
Es un lugar inolvidable para los Rodríguez, ya estoy deseando que llegue la navidad para volver.

No hay comentarios:

Publicar un comentario